Ocultos en esa protección dejamos que ciertas cosas no nos afecten, pensamos más en nosotros mismos, y no nos damos cuenta, en ocasiones, del sufrimiento ajeno.
Otras personas olvidan crear su escudo, se dejan tan solo la piel y reciben sin posible protección todo el daño, el suyo y el del resto.
No es bueno ni una cosa ni la otra.
Debemos saber ponernos en el lugar del otro y mantenernos en el nuestro.
Asi que... ¡Ponte la ropa, sonríe y sal a disfrutar!

No hay comentarios:
Publicar un comentario